‘El educador debe estar en la cima de la pirámide laboral’ / Opinión

La docencia desde la ‘cátedra del maestro’ al estilo de la universidad medieval ya no es posible

28 de noviembre de 2016

Por:  El Tiempo

Se necesita que en Colombia se piense que los nuevos planteles deberían protagonizar una revolución en sus características.

Foto: Archivo / EL TIEMPO

Se necesita que en Colombia se piense que los nuevos planteles deberían protagonizar una revolución en sus características.

En el contexto académico hay suficientes estudios que muestran que entre los servicios e instituciones que más aletargados se hallan y a los que más les cuesta transformarse figuran la escuela y, por su puesto, todo el sistema educativo. Colombia no se sustrae de esta condición, parece que su sistema educativo va en contravía de los cambios y las transformaciones que se dan en el contexto mundial.

Los colegios que se siguen construyendo y los proyectos educativos que se generan en la actualidad están enfocados en el modelo del aula de clase tradicional, en donde se ubican entre treinta y cuarenta escritorios, con algún espacio entre ellos, con un tablero (ahora acrílico) en el frente, con algún par de muebles para material y un escritorio para el docente. En el mejor de los casos, se incluyen algunos elementos de tecnología, como un computador para el docente, y en muy poquísimos casos, un proyector o algún sistema de reproducción de video y de información digital.

En este momento, en Europa ya hay colegios que acabaron la tradicional aula de clase, el horario, las materias y hasta los libros de texto. En oriente, en Japón, la educación no se centra en las tradicionales áreas disciplinares sino en el arte, la literatura, la música, la tradición cultural, y luego de varios años, y hacia el final de la educación básica, sí se introducen algunos elementos de formación más académicos y disciplinares. En Finlandia, considerado uno de los mejores sistemas educativos del mundo, no hay pruebas estandarizadas ni evaluación como la que existe en nuestro contexto, sino una educación más enfocada en el cultivo de lo humano de los estudiantes. Y qué decir del rol del maestro. En todos estos sistemas definitivamente se considera que el educador, no solo cumple una función social y política definitiva en la construcción de la sociedad, sino que además se lo pone en la cima de la pirámide laboral, como alguien que posee las más altas calidades humanas y académicas, con una vocación de servicio y de entrega a la construcción social, y con un reconocimiento social y económico por encima de muchos de los existentes, justamente, por todo lo que él encarna. Si se quiere hacer de Colombia la más educada de América Latina, si se desea construir colegios para el futuro y proyectos educativos que formen a los estudiantes del siglo XXI, se necesita que en Colombia se piense que los nuevos planteles deberían protagonizar una revolución en sus características.

Pero, más allá de eso, de nada servirá toda esa infraestructura si no se le agregan dos elementos: la transformación de los proyectos educativos, los que introdujo la Ley 115 en 1994, pero que siguen construyéndose de manera tradicional y para escuelas y colegios del siglo pasado, y el cambio de los educadores, la transformación de su rol, de sus procesos formativos, de seguimiento y acompañamiento durante su proceso de profesionalización, en su reconocimiento social, en su remuneración económica y, en fin, en todo lo que significa ser educador y docente.

Claro, también debe haber un cambio en su mentalidad. La docencia conceptual y teórica que se daba desde la ‘cátedra del maestro’ al estilo de la universidad medieval ya no es posible, no tiene cabida ni ocurre en los actuales entornos educativos.

Finalmente, debe haber un cambio en las interacciones entre los educadores y docentes y sus estudiantes. Debe primar la calidad humana, su profesionalismo, el cuidado del otro, la real y efectiva preocupación por la formación de los estudiantes y la construcción de un microcosmos en donde la dignidad humana, la justicia como equidad y el juego democrático sean posibles.

JOSÉ MARTÍNEZ
Investigador y consultor en educación de MB Educación

URL:  http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/columna-de-jose-martinez-sobre-la-docencia/16759660