Tomada de El Espectador

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Mientras el director de Volver al futuro II, Robert Zemeckis, fabricaba un escenario ficticio de la sociedad proyectada en el tiempo, también lo hacían las grandes ideologías en el siglo XX que pretendían cambiar el mundo. Al parecer este optimismo se ha perdido. ¿Qué pasó con la confianza en el futuro? es el libro en el que el antropólogo Marc Augé pretende dar respuesta.

En la segunda entrega de la trilogía Volver al futuro, Marty Mc Fly, su novia Jennifer y el doctor Brown viajan a bordo de un DeLorean modificado hacia el 21 de octubre del año 2015 para salvar a sus futuros hijos del peligro que corren.

Al llegar son testigos de toda una serie de innovaciones tecnológicas que mejoran en pleno la calidad de vida de las personas; desde cambios en temas médicos hasta ropa autoajustable. “Me arreglaron el pelo, me quitaron treinta o cuarenta años de encima, un cambio de sangre, también reemplazaron el bazo y el colon”, le dice Brown a Marty.

Por supuesto que Volver al futuro no es la única película de ciencia ficción de la época que planteaba una sociedad con futuros tecnológicos alternos, pero sí deja entrever una proyección optimista hacia el mañana, jugando a escenificar la frase que se hizo popular entre los filósofos positivistas del XIX, “todo tiempo futuro será mejor”.

Como ha señalado el filósofo Jean François Lyotard, las grandes ideologías, sistemas de producción y metarrelatos que fueron protagonistas en el siglo XX, como el ideario liberal -sustento del capitalismo-, el socialismo y el cristianismo también crearon su propia visión del futuro. El socialismo con su apuesta a una sociedad sin clases ni explotación del hombre por el hombre. El capitalismo con la idea de eliminar la desigualdad a partir de la innovación tecnológica, el desarrollo científico-técnico y la libre competencia. Algo tienen en común estos modelos con Volver al futuro II, y es que ni los adelantos tecnológicos que se anuncian en la pantalla grande se lograron ni las promesas de los modelos de producción se cumplieron.

Un mundo cambiante

“A partir de 1989 y la caída del muro de Berlín se escribe una nueva historia que nos resulta difícil de leer y comprender, porque va demasiado rápido y porque concierne de manera directa e inmediata a todo el planeta”, señala el antropólogo francés Marc Augé, director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, en su más reciente libro, ¿Qué pasó con la confianza en el futuro? (Siglo XXI Editores, Argentina).

Augé es conocido internacionalmente por ser el impulsor del concepto “No lugar” y ser autor de más de 40 libros, entre los que se encuentra El antropólogo en el mundo global, entre otros.

El pensador francés señala que en el plano intelectual “todavía estamos en la etapa de denuncia de los viejos conceptos y de las visiones del mundo subyacente a ellos. Los sustituye, en los dos extremos, una visión pesimista, nihilista y apocalíptica para la cual no hay nada más que comprender, o bien una visión triunfalista, para la cual todo se ha realizado o está en vía de realizarse”. En los que “el pasado ya no es portador de lección alguna y nada hay que esperar del porvenir. Entre estas dos visiones extremas hay lugar para una ideología del presente, característica de lo que se ha convenido en llamar sociedad de consumo”.

Este académico plantea un escenario complejo donde parece que el ideario del presente imposibilita soñar con un futuro. “Nuestra falta de entusiasmo es lo que caracteriza la actualidad. Hay pocas cosas que nos hacen soñar, las ideologías ya no lo hacen, las utopías se han centrado en metas más pequeñas, ya no piensan en cambiar el mundo”, afirma el sociólogo Gilles Lipovetsky.

La cultura y el mañana

Las expresiones artísticas han sido muy afectadas por esta pérdida de la confianza en el futuro. “El arte y el cine destacan la evocación de esta incertidumbre, por ejemplo, imaginar el triunfo del sectarismo religioso (Houellebecq) o nuevas formas de soledad (Sofía Coppola)”, enfatizó Augé en diálogo con El Espectador.

“Muchos jóvenes se han dejado llevar por el lema de vive la vida al máximo, presos en muchos casos por la desesperanza en el mañana, no planean a futuro”, anota la psicóloga María Elena López.

Una salida a la incertidumbre

Para Augé, la salida a la pérdida de la confianza en el futuro está en la educación, “es nuestra única esperanza, que puede prestar atención a los progresos de la información y el conocimiento del destino común de la humanidad”.

Otros analistas afirman que las apuestas por el ambientalismo dejan ver el compromiso político de cientos de jóvenes por el futuro de la humanidad. “El cuidado del medio ambiente es la principal tarea política en la actualidad, hasta el papa Francisco habla del ambientalismo”, anotó Sebastián Rivera, activista. Al parecer no todo está perdido en este refugio en el presente, ya que como señalaba Gabriela Mistral, “el futuro de los niños es siempre hoy”.

Fuente: El Espectador
05-11-2015

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